Aguas sanadoras, mudéjar y sorpresas en Tarazona, Alhama de Aragón y Calatayud

Apenas conozco la provincia de Zaragoza, salvo su capital, que visité en una corta escapada durante la Exposición Universal de 2008. Entonces me impresionó sobre todo su arte mudéjar. Así que me entusiasmó la idea de pasar tres días recorriendo Tarazona, Alhama de Aragón y Calatayud para disfrutar del estilo hispano-musulmán, de sus aguas sanadoras y de un paisaje azotado por la despoblación y la sequía que esconde muchas sorpresas.

tarazona alhama de aragon y calatayud

Tarazona se preparaba para sus fiestas patronales de San Atilano cuando aparcamos en un espacio gratuito habilitado para ello (pocas ciudades he visto que hagan tan cómodo este engorroso trámite), a pocos pasos del centro histórico.

Cruzamos el río Quílez, que divide la ciudad en dos, y nos adentramos en el barrio del Cinto, que asciende por una colina de callejuelas serpenteantes. Decidimos vagar por ellas mientras hacíamos tiempo hasta la hora concertada para seguir la visita guiada a la iglesia de Santa María Magdalena.

Bajo un abrasador sol de agosto, fueron de agradecer los frescos recovecos que atravesamos mientras contemplábamos sus casas colgadas, el barrio judío, la antigua morería y los restos de murallas.

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Gustavo Adolfo Bécquer, que visitó la ciudad mientras se reponía de una tuberculosis en el cercano monasterio de Veruela, escribió de Tarazona en sus “Cartas desde mi celda”:

”es una ciudad pequeña y antigua; más lejos del movimiento de Tudela, no se nota en ella el mismo adelanto, pero tiene un carácter más original y artístico. Cruzando sus calles con arquillos y retablos, con caserones de piedra llenos de escudos y timbres heráldicos, con altas rejas de hierro de labor exquisita y extraña, hay momentos en que se cree uno transportado a Toledo, la ciudad histórica por excelencia“

Y aún hoy, siglos después, Tarazona sigue recordando a esa otra ciudad de las tres culturas.

Tarazona

Al aproximarnos a la iglesia de Santa María Magdalena, con su esbelta y omnipresente torre mudéjar, descubrimos de cerca el Palacio Episcopal, cerrado al público, que únicamente puede acceder a un bello patio renacentista. Esperamos que, tras las obras que parecen en marcha, el imponente edificio que domina la localidad, vuelva a abrirse y podamos ver las pinturas del Salón de los Obispos.

Tarazona

Antes de empezar la visita a Santa María Magdalena, en el exterior, la guía de la Fundación Tarazona Monumental (a la que desde aquí felicito) nos puso en contexto.

Durante la Edad Media, Tarazona y su comarca albergaron una importante población mudéjar. Estos árabes musulmanes que decidieron quedarse a vivir en territorio reconquistado por los cristianos, se dedicaron principalmente a actividades agrícolas y artesanales (trabajo de la madera y la cerámica), y sobre todo a las labores de albañilería. Fueron magníficos albañiles (recibían el nombre de alarifes) que, además de levantar numerosas casas privadas, construyeron edificios religiosos de las tres confesiones vigentes: iglesias, sinagogas y sus propias mezquitas (como la de Tórtoles en Tarazona, ahora restaurada pero solo abierta para grupos).

Entre esas iglesias, la de María Magdalena, construida sobre una antigua mezquita islámica. Su nave del Evangelio conserva cinco preciosos tramos de techumbre mudéjar y un facistol, un magnifico mueble de madera de nogal ornamentado con taracea que se empleaba para guardar los libros de canto.

En el exterior, nos esperaba una bella vista de la parte baja de la ciudad, en la que enseguida llama la atención su plaza de toros encajonada entre otros edificios. Así que corrimos cuesta abajo para verla de cerca.

Tarazona
Construida por iniciativa de unos turiasonenses ilustres, la Plaza de Toros Vieja es una de las más antiguas que se conservan en España –se inauguró en 1792- y forma parte de la Unión de Plazas de Toros Históricas de España. Pero lo que la hace realmente peculiar es que en realidad se trata de un edificio de viviendas que rodean el coso taurino y que aún conservan esta función.

Tarazona

Además de su mudéjar, más sobrio que el de Zaragoza o Teruel, Tarazona tiene otros atractivos más terrenales, como estar cerca de la ruta de la garnacha, uva de la que salen los vinos de la denominación de origen Campo de Borja.

Tarazona

Después de comer en el restaurante Saboya 21, la tarde nos llevó hacia el ayuntamiento de Tarazona, del que me enamoré completamente, pese a que varias camionetas de reparto aparcadas delante impedían la vista de una de las joyas patrimoniales de la ciudad. No estaría mal que sus actuales ocupantes se plantearan un uso del espacio público que permita al visitante disfrutar de uno de sus mayores encantos.

Tarazona

Originariamente lonja, granero y mirador desde el que contemplar los espectáculos taurinos y otras celebraciones populares, una espectacular decoración hace único el edificio. Un largo friso conmemora la entrada triunfal de Carlos V en Bolonia para ser coronado emperador en 1530, junto a figuras alegóricas que representan la Justicia y la Sabiduría (no deja de ser paradójico en los tiempos que corren que estén en un centro de poder político), y otras que representan a Hércules y Caco.

Tarazona

Pese a que Tarazona da mucho más de sí, y la visita guiada a la catedral de Santa María de la Huerta prometía, tuvimos que hacerla por nuestra cuenta por falta de tiempo.

Tarazona

Tras permanecer cerrada durante más de 30 años, una restauración minuciosa permitió abrirla de nuevo en 2011 y la hizo merecedora del Premio Europa Nostra en 2015.

La seo turiasonense lo merece. La ubicación y la historia de Tarazona explican el aspecto de la catedral, que empezó siendo gótica (siglo XII), fue reconstruida con marcado carácter mudéjar tras la Guerra de los dos Pedros (que enfrentó a Pedro IV de Aragón y a Pedro I de Castilla entre 1356 y 1369), e incorporó posteriormente elementos renacentistas y barrocos.

Tarazona

Tarazona

Te remito a este blog para hacer un recorrido más exhaustivo por la catedral de Tarazona. Y, aunque no me gustó la exposición sobre la restauración que han instalado (contiene demasiada información, es muy técnica y el diseño es pobre), sí me encantó la idea de crear un personaje, Turiaso Jones (en clara alusión al popular Indiana Jones) como recurso didáctico para enseñar a los niños a valorar, cuidad y amar su patrimonio.

Tarazona

Nos despedimos de Tarazona y pusimos rumbo a Alhama de Aragón por la N-122, dejando a nuestra izquierda el perfil del Moncayo y sus 2.316 metros de altitud.

Tarazona

Vuelta al XIX

Alhama de Aragón es un pueblo pequeño atravesado por la carretera nacional 2, hoy mucho menos transitada tras la apertura de la Autovía del Nordeste, y las vías del tren. Con apenas 1.000 habitantes, alberga dos grandes complejos termales que se han convertido en motor económico del lugar.

Alhama de Aragón

Termas Pallarés conserva el encanto de los balnearios decimonónicos sin prescindir de las comodidades de un hotel contemporáneo. Pero lo que sin duda lo hace especial es el lago termal, un auténtico lujo en medio de una de las comarcas españolas más afectadas por la sequía.

Alhama de Aragón

Merece la pena abandonarse en sus aguas sanadoras, que manan a 32 grados, y cuyas propiedades actúan contra el estrés, la ansiedad y las alteraciones respiratorias. Sólo las disfrutamos tres días, pero puedo asegurarte que salimos de Alhama de Aragón mucho de mucho mejor talante.

Alhama de Aragón

Alhama de Aragón

Viñedo extremo

Como Calatayud está a menos de media hora en coche y además es la tierra de mi bisabuela Teresa Marín, a la que no conocí, dejamos el lago por unas horas para visitarla.

Antes teníamos una cita en las Bodegas Lugus, comandadas por una pareja de emprendedores que han convertido este espacio en un lugar multiusos donde también producen y venden vino.

Un caldo hecho también de garnachas, en este caso procedentes de Belmonte de Gracián. Uvas de viñedos viejos formados en vaso, adaptados a terrenos áridos sin apenas precipitaciones, donde la cepa no dispone de mucha tierra fértil para su desarrollo, al límite de cultivo, en alturas que superan los 1.000 metros. “Viñedo extremo”, como dice el eslogan de la Denominación de Origen Calatayud.

Con el sabor singular de la garnacha en el paladar, regresamos a Calatayud, donde probamos un excelente ternasco en el restaurante La Dolores, que lleva este nombre por la mujer que inspiró la famosa copla “Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa y amiga de hacer favores”, hoy de una incorrección política mayúscula y que en su día obligó a su protagonista a abandonar la ciudad maña por Madrid.

Para favorecer la digestión, dedicamos la sobremesa a pasear por Calatayud, por sus callejuelas, algunas mejor conservadas que otras, divisar su barrio musulmán o contemplar su rico mudéjar.

Calatayud

Calatayud

Calatayud

Nos despedimos de Calatayud desde lo alto del castillo Qalat de Ayub, que da nombre a la ciudad: los restos en mejor estado del conjunto fortificado islámico (castillo, muralla y puertas) más antiguo que se conserva de la época musulmana en la Península Ibérica, y uno de los más antiguos del mundo islámico.

Calatayud

Aunque estuvo en la Lista Roja del Patrimonio de la Asociación Hispania Nostra, hoy cuenta con elementos explicativos que lo han puesto en valor, y su visita proporciona además unas inmejorables vistas de la ciudad y su comarca.

Una perspectiva sobre un territorio de España en el que se aprecian los estragos de la sequía y la progresiva desertificación del paisaje.

Calatayud

[No he podido resistir la tentación de incluir esta foto de uno de esos lugares kitsch: un bar de camioneros. Entre la sordidez y el casticismo de esta España nuestra]

Momento kistch de carretera (Alhama de Aragón)

Resistencia numantina

Tras un último rato de remojo y solaz en las aguas de Alhama de Aragón, emprendimos el regreso con la intención (¡ilusos de nosotros!) de aprovechar la jornada para conocer algunas de las maravillas que encierra Soria.

La primera parada fue en Numancia, que nos recibió nublada y fresquita. Tuvimos que darnos prisa, porque la primera sorpresa del día fue la hora de cierre (las 14 horas) y la segunda, que las ruinas no están abiertas los domingos por la tarde (ojo a la fecha: 27 de agosto ¡plenas vacaciones!).

A pesar de la contra-reloj inesperada, las recorrimos con interés. Situadas en el cerro de la Muela, en Garray, a siete kilómetros al norte de Soria, su ubicación (y un poco de imaginación) te ayuda a situarte en el año 134 a.C. En esa fecha, tras dos décadas de luchas y enfrentamientos entre los celtíberos y los romanos, la ciudad fue sometida a un asedio que la convirtió en símbolo de resistencia y valentía frente a los invasores.

Allí uno entiende su situación estratégica: en las confluencias del río Duero con el Tera y el Merdancho, era el nexo de comunicación entre el valle del Ebro y el valle del Duero. Y un lugar desde donde divisar los movimientos enemigos.

Numancia (Soria)

En el 134 a. C. Roma envió a su general más reputado, Publio Cornelio Escipión, que ordenó un férreo asedio que duraría 11 meses. Cuando la derrota era inminente, algunos numantinos prefirieron no morir a manos de los romanos y lucharon entre ellos hasta la muerte o se suicidaron. Una vez sometida, Numancia fue arrasada, y los pocos supervivientes vendidos como esclavos.

Una histórica hazaña que ha llegado hasta nuestros días gracias a los propios romanos, quienes a través de sus crónicas dieron a esta gesta una dimensión universal.

Hoy el yacimiento es uno de los mayores tesoros celtíberos que se conservan, en el que tomar contacto con ambas culturas urbanas: hay viviendas celtíberas y romanas reconstruidas, murallas, calles, aljibes, baños….

A pesar de la contra-reloj inesperada, Numancia no me defraudó. Esa tierra “áspera, montañosa y por lo general estéril”, tal y como la describían los romanos, es un lugar hermoso en el que se respira la fuerza y la dureza de un pueblo que se negó a ser sometido.

Numancia (Soria)

La última parada la hicimos en Soria. Una Soria fría, lluviosa, desangelada y poco acogedora en una tarde de domingo en pleno agosto, con todos sus monumentos y museos cerrados a cal y canto, y sus turistas culturales deambulando tristes por sus calles porque esta vez no podrán disfrutar de su patrimonio.

Menos mal que nos queda la memoria de Antonio Machado en sus calles y en sus textos.

“¡Soria fría, Soria pura, cabeza de Extremadura, con su castillo guerrero arruinado, sobre el Duero; con sus murallas roídas y sus casas denegridas!” (De “Campos de Castilla”)

Descartadas las visitas a la iglesia de Santo Domingo, al monasterio de San Juan de Duero o al instituto donde trabajó Machado, paseamos por la ciudad bajo la lluvia y nos aproximamos hasta el cementerio municipal del Espino, donde descansan los restos de Leonor Izquierdo, el gran amor del escritor y a quien dedicó algunos de sus más sentidos versos.

Soria

Al salir del cementerio, rendimos nuestro personal homenaje al “olmo seco, hendido por el rayo” al que Machado dedicó su conocido poema. Personalmente, me retrotrae a mi época escolar y a mi maestra Chamela, que me enseñó a leer y amar a los grandes poetas españoles.

Olmo seco de Machado

Dijimos adiós a Soria y a nuestra escapada desde el mirador de los Cuatro Vientos, situado en un lugar alto y un poco apartado del casco urbano junto a la ermita barroca del Mirón (también cerrada) por donde Machado y Leonor paseaban y donde una escultura con la silueta de la pareja los recuerda…

Soria

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Violeta González Bermúdez

Periodista especializa en innovación y tendencias, con más de 20 años de experiencia en comunicación. Fundadora de Ultravioleta, una social media boutique. ¿Quieres trabajar conmigo? Mira las soluciones que ofrezco.

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